domingo, marzo 27, 2011

¿es inteligente hablar de piratería?

Se ha criticado mucho por parte de los aludidos el uso del término piratería para denominar la descarga de contenidos como películas cuando es en contra de los deseos de sus autores. Al margen de la discusión sobre la legalidad en sí de las descargas (si pueden considerarse o no copias privadas) se niega el término por desproporcionado. Al fin y al cabo los piratas eran criminales a los que se castigaba con la horca, mientras que una descarga si es ilegal en el peor de los casos sería comparable a colarse sin pagar entrada en el cine u otro espectáculo, teniendo cuidado de no ocupar el sitio de nadie para no tener problemas.

Pero no es eso lo que me interesa ahora sino si desde el punto de vista del "ofendido" por las descargas, es inteligente usar el término de piratería, como mecanismo de estigmatizar este tipo de comportamientos.

Creo que recurrir a una hipérbole es ineficaz y más cuando se trata de comportamientos muy arraigados y aceptados por mucha gente. Si estuviera muy extendido el colarse en los espectáculos o hacer un "sinpa" en los bares, tratar de combatirlo usando expresiones como "terrorismo cultural" no haría otra cosa que provocar las chanzas. No creo que haya nadie que deje de descargar por que le llamen "pirata" ni nadie que ahora paga deje de hacerlo y empiece a descargar para no verse etiquetado de corsario.


La industria de contenidos tiene que tener claro que las descargas son imparables con medidas técnicas o legales; eso ya se ha visto en otros países, con menos picaresca y más nivel adquisitivo que España.  Las únicas medidas eficaces son tratar de dar valor añadido, evitar que el precio sea una barrera excesiva, buscar la complicidad del cliente. Las películas cuestan mucho dinero, trabaja mucha gente, no sólo directores ególatras y actores malcriados, forrados de mala vida (los títulos de crédito, los "así se hizo" y algunos extras de los DVD son muy interesante para mostrar esto) y hay que hacer que la gente se sienta partícipe de estar contribuyendo cuando paga por una película que le ha gustado y que está siendo un jeta si simplemente ve un montón de películas descargándolas de Internet sin ir nunca al cine ni comprar películas. Esto se traduce en un cambio de actitud, en hacer campañas de forma más inteligente, en buscar acercamientos y en no dar pretextos a la gente para a la vez que descarga defender que el no ir al cine ni comprar una película no sólo no es tener más morro que un oso hormiguero, sino que se trata de un acto justo de rebeldía contra indeseables como la SGAE o la Sinde.

Un creador puede afrontar las descargas como "me saca de mis casillas que alguien vea mi película sin pagarme" o ser más práctico y pensar en "yo lo que quiero es hacer películas y ganar dinero con ellas". Para el primero, un "maldito pirata, vas a sentir la soga quemándote el cuello" suena perfecto y su único argumento económico es que ahorcando en público al pirata sirve de escarmiento y se evita que otros se sientan tentados a dejar de pagar y empezar a descargar. El segundo en cambio es consciente de que no quiere ahorcar al pirata sino hacerlo cambiar, no por espíritu cristiano sino porque, salvo que la natalidad crezca milagrosamente, la única forma de que haya más gente que pague por sus películas es que parte de quien ve sin pagar empiece a pasar por caja, que más da el duro que el desnudo y que un pirata muerto no descarga pero tampoco va al cine ni compra películas.

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